Córdoba, a orillas del Río Guadalquivir y en las faldas de Sierra Morena, se muestra al viajero como ciudad milenaria que es, con un ingente legado cultural. En ella convivieron en perfecta armonía judíos, musulmanes y cristianos. Fue cuna de filósofos, científicos, artistas y sabios, y en ella se forjaron los pilares del saber. La UNESCO otorgó el título de Patrimonio de la Humanidad a la Mezquita – Catedral y a todo el conjunto urbano que la rodea. Si tiene la ocasión visite la festividad de Los Patios y las Cruces de Mayo.
La cocina cordobesa, como toda localidad andaluza, está basada en su totalidad en la dieta mediterránea. El aceite de oliva es el ingrediente principal de su plato estrella, el salmorejo. Degustar este manjar en Córdoba es toda experiencia para cualquier viajero. Otras especialidades son el estofado de rabo de toro, el cordero en caldereta, las manitas de cerdo y los flamenquines, todo ello acompañado por un vino blanco de Montilla. En los postres, debido a la gran influencia árabe, destacan el pastel cordobés, membrillo de Puente Genial, roscos de Priego, merengues de Aguilar y perrunas de manteca.
La visita a Córdoba impresiona, la Mezquita – Catedral es el monumento más importante de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo. Córdoba le embrujará con sus floridos patios, deambule por la Calleja de las Flores. Visita obligada es el Alcázar de los Reyes Cristianos donde residió Cristóbal Colón, el barrio de la judería, la Sinagoga, el museo Julio Romero de Torres y conozca a los cordobeses en la Plaza de la Corredera. Caerá en una ensoñación al visitar Medina Azahara “la ciudad de la flor” situada a 8 kilómetros del centro y relájese en los baños árabes o hammam.